Estrellas y Borrascas

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CLIMA

Letargo solar e influencia sobre el clima

Imagen del Sol captada el 23 de enero de 2013. (Foto: SOHO/Kristian Pontoppidan Larsen)

 

Evolución creciente de la actividad solar desde mayo de 2010 hasta septiembre de 2012. (Foto: Solar Dynamics Observatory/NASA)

Gran protuberancia solar fotografiada por Joan Manuel Bullón desde el Observatori La Cambra, en Aras de los Olmos, el día 31 de julio de 2012 hacia las 9 horas de tiempo universal.

A principios de 2013, la NASA difundió las imágenes de una monumental protuberancia solar, una llamarada de miles de kilómetros de longitud, asociada al actual periodo de actividad del Sol. Espectacular, pero espejismo también. Es como un pequeño hálito de vida que está mostrando el astro rey, porque lo cierto es que todo apunta a que en los próximos años el Sol dormirá. Lo predicen numerosos estudios e investigadores, y también quienes observan directamente el Sol y lo conocen como a alguien con quien conviven diariamente, aunque es cierto que nuestra estrellas madre no es tan predecible como las personas. Seguramente, aún desconocemos mucho sobre ella, pero no hay duda de que los números, las tasas de actividad históricas, muestran una caída paulatina que hacen sospechar un inminente letargo.

Es lo que ya se auguraba en los años 2008 y 2009. Ahora, en 2013 estamos en el ciclo solar número 24, cuyo máximo de actividad se prevé para el próximo otoño. Cada ciclo dura unos 11 años, de acuerdo con las observaciones históricas que han permitido constatar esa regularidad. Durante las semanas o meses del máximo el Sol suele mostrar numerosas manchas en su superficie visible, signos de la actividad que se desarrolla en nuestra estrella. El problema es que los científicos prevén que el máximo de 2013 será, con toda probabilidad, el menos activo desde 1906. Y, lo que es peor, temen que tras ese máximo llegue un mínimo de actividad tan acusado que quizá el ciclo número 25 no llegue en las fechas previstas, en torno a 2020. O que tarde décadas en llegar. Sobre este tema ya empezaron a escucharse las primeras voces en 2008 y 2009, cuando asistimos al mínimo de actividad del ciclo 23, que fue extraordinario por su duración. En aquel momento sólo algunos centros de investigación, especialmente rusos, profetizaron lo que supuestamente se avecina ahora, pero en este momento la noticia reside en que algunos de los más importante institutos y observatorios solares de Estados Unidos coinciden, en mayor o menor medida, en que el sueño del Sol es inminente.

Influencia en el clima

La duda es si este letargo solar influirá en el clima de la Tierra, lo cual es más bien probable. Si alguna vez se han preguntado por qué asociamos la navidad a la imagen de la nieve, la respuesta es fácil: se debe a la tradición victoriana arraigada en el siglo XIX, cuando aún imperaban en Inglaterra y el resto de Europa las condiciones climáticas de la Pequeña Edad de Hielo. Fue ésta un periodo más frío que el que vivimos en elpresente, con una duración de varios siglos y que se prolongó hasta la segunda mitad del siglo XIX. En ese periodo se helaron ocasionalmente el río Ebro en Tortosa y el Turia en Valencia. Los inviernos, en conjunto, fueron más crudos en toda Europa, y los veranos más frescos y húmedos que los actuales. Y esa etapa fría de nuestro clima coincidió con el Mínimo de Maunder, el más acusado y prolongado periodo de inactividad en el Sol del que se tiene constancia, llamado así en honor del astrónomo Edward Maunder. No hay certeza absoluta de que el Mínimo de Maunder fuese la causa principal de la Pequeña Edad de Hielo, pero la coincidencia gráfica de las curvas de temperatura y de actividad del Sol (fue nula) es tan evidente que resulta muy difícil eludir una relación entre ambos fenómenos.

No obstante, si sobreviene un nuevo mínimo solar en las próximas décadas, no sabemos a ciencia cierta de qué forma influirá en el clima, porque es evidente que las cosas han cambiado. Hay quien sostiene que, incluso en el supuesto de una influencia directa del letargo solar, el calentamiento global supuestamente causado por la actividad humana compensaría en todo o en parte el enfriamiento. Pero desde San Petersburgo (Rusia), el especialista Khabibullo Abdussamatov insiste en su tesis de que debemos esperar un periodo frío de varias décadas, con un largo periodo de inactividad en el Sol que tocaría fondo en torno al año 2042.

No es Abdusamatov un científico conocido en nuestros lares. Pero sirva como carta de presentación que es el coordinador de astrometría de la sección rusa de la Estación Espacial Internacional y uno de los máximos responsables del área de investigaciones espaciales del Observatorio de Pulkovo, en San Petersburgo, perteneciente a la Academia de Ciencias de Rusia. Es, además, uno de los escépticos declarados sobre las teorías mayoritarias acerca del cambio climático atribuido a la actividad humana.

Vigilando el Sol cada día

Pero a mí también me gusta pulsar opiniones a una de esas personas que trata diariamente con el Sol, y en 2008 ya le pregunté sobre este asunto, y lo he vuelto a hacer ahora. Se trata de Joan Manuel Bullón, quien desde hace 35 años cada día, salvo aquellos en los que lo impiden las nubes, orienta su telescopio hacia el Sol desde su observatorio en Aras de los Olmos para estudiar lo que acontece y anotar, dibujar o fotografiar las manchas y fáculas solares, y a veces también las protuberancias. "El ciclo 24 está siendo más breve que los anteriores y quizás ingresemos en breve en un nuevo mínimo, que dará paso al ciclo 25, alargado y casi eterno para los que vemos el Sol día a día", me cuenta el colega Joanma. Y a propósito de este asunto, evoca la figura de Josep Costas, uno de los grandes observadores del Sol y fabricante de muchos de los espejos de telescopios usados por los aficionados españoles a la astronomía, quien falleció en 2011. "Ni el insigne Josep Costas conoció en toda su vida un Sol con un ciclo tan corto e inactivo como el que estamos teniendo en el ciclo 24", me explica Joan Manuel .
Ya ven: los que conocen la estrella que ilumina nuestras vidas creen que sus bostezos actuales son el signo de que pronto conciliará un sueño profundo. Pero no debemos alarmarnos: aunque se duerma y no nos caliente como nos tiene acostumbrados, sobre lo único que no hay duda es que volverá a despertar.

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

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