Estrellas y Borrascas

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CLIMA

Huracanes, tifones y ciclones tropicales: tempestades con nombre propio

Imagen de satélite del huracán Andrew en el golfo de México el 25 de agosto de 1992. (Foto: NASA/Goddard Laboratory for Atmospheres)

Ciudadanos abriéndose paso en una calle inundada durante el otoño de 2009, en el que Filipinas sufrió varios tifones. (Foto: Wiki Commons)

Vista aérea de Nueva Orleans el 11 de septiembre de 2005 tras el brutal impacto del huracán Katrina. (Foto: Mark Moran/NOAA Photo Library)

Al meteorólogo inglés Clement Lindley Wragge se le ocurrió la original idea de bautizar los ciclones tropicales con nombres de políticos que le caían ciertamente mal o que tenían fama de ser antipáticos. Él fue el científico que instauró, a finales del siglo XIX, la estrategia de usar nombres de pila para identificar las tormentas tropicales susceptibles de transformarse en violentos ciclones, que actualmente sigue en uso, aunque sin imponerle medallas a los representantes de la clase política. Varios comités representativos de las diferentes zonas de la Tierra se encargan ahora de las cuestiones relativas a la nomenclatura de huracanes, tifones y ciclones tropicales, para los que se usan listas de nombres acordadas internacionalmente bajo los auspicios de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Pero los inicios de la catalogación de estos fenómenos tuvieron en Wragge un protagonista destacado durante su etapa en los servicios meteorológicos de Australia en los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX. Para elaborar sus listas recurrió a las letras del alfabeto griego, que combinaba con nombres femeninos y con los de personajes que le inspiraban sentimientos contrapuestos. Por un lado, obsequiaba con esta elección a figuras destacadas que admiraba y, por otro, castigaba a mandatarios de la época que no le caían nada bien o con quienes se había enfrentado. Tal como recoge el investigador Peter Adamson en un estudio sobre este genuino meteorólogo angloaustraliano, a Wragge le dio por asignar a algunos ciclones el nombre de los dirigentes que se negaron a apoyar la financiación de su oficina meteorológica, que finalmente tuvo que ser clausurada por falta de fondos. Pero, en verdad, el problema para aquel pionero estudioso de las peligrosas depresiones tropicales fue que tanto las personas que él admiraba como las que odiaba se volvieron en su contra, porque incluso aquellos a los que regaló dicho honor por motivos de afecto, no tenían nada claro que un devastador ciclón bautizado con su nombre propio acabara con la vida de las personas o barriera pueblos enteros con vientos de más de 200 kilómetros por hora.

Con nombre de mujer

El caso de Wragge es, seguramente, el más pintoresco, pero la identificación de huracanes y ciclones tropicales nunca ha dejado de llamar la atención. No hay todavía una respuesta clara sobre por qué hasta el año 1978 las tormentas tropicales recibían exclusivamente el nombre de mujeres. Aparentemente, durante la primera mitad del siglo XX hubo cierto afán despectivo en este criterio, pero acerca de ello, el meteorólogo español Francisco Martín León nos recuerda en la Revista del Aficionado a la Meteorología (RAM) que durante la Segunda Guerra Mundial sucedió todo lo contrario, de forma que los combatientes americanos lograron que se pusiera a los huracanes los nombres de sus novias, esposas y madres, es decir, el de sus seres más queridos que añoraban durante la batalla.

Finalmente, la igualdad llegó a finales de los 70 a la meteorología tropical, y tras el acuerdo de 1978, la temporada de huracanes de 1979 fue la primera en la que se usó una lista combinada con nombres de hombres y mujeres. A día de hoy sigue en uso e, independientemente de los criterios tan particulares de los que ha adolecido la nomenclatura en sus primeros tiempos, nadie duda de la utilidad de identificar con nombres cortos y fáciles de recordar a estos fenómenos naturales que cada año sacuden diferentes regiones del planeta. El riesgo concierne a los países situados en latitudes comprendidas entre los 5 y los 20 grados, tanto al norte como al sur del ecuador. La más conocida es el Caribe, donde el fenómeno se llama huracán, pero también afectan a numerosos países asiáticos, como los del mar de China, donde se denominan tifones, y a áreas del Pacífico como Australia, donde reciben el nombre de ciclones tropicales. Pero estas denominaciones aparentemente distintas conciernen a un mismo fenómeno en el que los vientos superan, de forma sostenida, los 120 kilómetros por hora. Si no se alcanza ese umbral de velocidad del viento no podemos hablar de huracán, tifón o ciclón tropical, sino de depresión o tormenta tropical.

Los que se eliminan de la lista

Las listas de nombres para los huracanes se elaboran para seis años. A cada uno de ellos se asignan 21 nombres, tanto masculinos como femeninos, alfabéticamente ordenados. El primero de ellos recaerá para la primera depresión tropical que se forme en la temporada, aunque puede suceder que, después, esta borrasca no acabe desencadenando un huracán. Para el año 2011 la lista comienza con Arlene y concluye con Whitney, aunque dentro de ella hay tres nombres hispanos: Irene, Jose y María. Para el supuesto de que la temporada fuese tan activa que se formaran más de 21 sistemas tormentosos tropicales, la lista se completa con las letras del alfabeto griego.

Están elaboradas también las listas para los años comprendidos entre el 2012 y el 2016, tras el cual, en teoría se repetirá en el año 2017 la misma lista que en el 2011. Pero hay una salvedad: de ese listado se eliminarán, si llega el caso, los nombres de los huracanes que causen graves daños. Por eso, Katrina (2005), Mitch (1998), Iván (2004) y Andrew (1992) han desaparecido del catálogo junto a otros muchos. Un comité especial vinculado a la OMM se encarga de analizar el alcance de los huracanes y decide, posteriormente, si debe ser suprimido o no para los años venideros. El que se elimina se sustituye por otro nombre nuevo para evitar que en el futuro un huracán con el mismo nombre de otro que fue devastador genere el miedo o un terrible recuerdo entre la población de los países en peligro.

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

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