Estrellas y Borrascas

WEB DE VICENTE AUPÍ / OBSERVATORIO DEL POLO DEL FRÍO DE TORREMOCHA DEL JILOCA

Portada

En busca de Nemesis

Una pequeña pero notable minoría de astrónomos cree en la posibilidad de que el Sol, nuestra estrella madre, no esté sola. En el Universo la mayoría de los sistemas estelares son múltiples y están formados por dos o más componentes. El Sol, en cambio, aparece solitaria ante nuestros ojos y los telescopios, de forma que casi todo apunta a que no tiene ninguna compañera. Pero las extinciones masivas que periódicamente se producen en la Tierra, con intervalos que muestran cierta regularidad, hacen sospechar a algunos científicos que la causa puede ser la existencia de una estrella oscura que orbita alrededor del Sol, no observada hasta la fecha, y cuyas alteraciones gravitatorias han podido favorecer a lo largo de la historia avalanchas de cometas que han chocado con nuestro planeta, con consecuencias devastadoras para la vida. Richard A. Muller, de la Universidad de Berkeley, es uno de los principales defensores de esta teoría, la teoría de Nemesis. Aunque la mayor parte de los astrónomos no cree en su existencia, Nemesis podría ser una de las respuestas a la enigmática secuencia de extinciones masivas que sacuden la Tierra, entre ellas la de hace 65 millones de años, que hizo desaparecer a los dinosaurios y es la catástrofe planetaria más conocida. Desde que Luis Alvarez y su hijo Walter lo demostraron, sabemos que aquella extinciçon coincidió con el impacto de un gran objeto celeste, un meteorito o asteroide que fue a caer sobre la Península de Yucatán y abrió el cráter de Chicxulub, actualmente oculto bajo las aguas oceánicas. ¿Qué es lo que empuja hacia la Tierra a cometas como el que extinguió a los dinosaurios? ¿Hay algo en los confines del Sistema Solar, más allá de Plutón?

 

LEER EL ARTÍCULO COMPLETO

 

Recreación artística de la entrada en la atmósfera del cometa caído hace 65 millones de años, cuyo impacto causó un enfriamiento del clima y alteraciones en el medio ambiente a las que no pudieron sobrevivir los dinosaurios y otras muchas especies que habitaban la Tierra en aquella época. (Ilustración: Patricia Iranzo)

VER MÁS ARTÍCULOS

Salvemos las noches estrelladas

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive

A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en 2009, en el Año Internacional de la Astronomía, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Conmemoramos este año el 400 aniversario de las primeras observaciones telescópicas que hizo Galileo, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.

Cielo y Tierra

El día vence a la noche

La primavera ha comenzado en el hemisferio norte este 20 de marzo, día del equinoccio. En esa fecha, la posición de la Tierra respecto al Sol ha hecho que la duración del día y la noche fueran la misma, pero desde entonces aumenta la del día y se reduce la de la noche. La luz crece y la oscuridad mengua, lo que seguirá sucediendo hasta el próximo 21 de junio, cuando lleguemos al solsticio de verano en el día más largo del año. Por estas fechas, a finales de marzo, tenemos en la latitud de España aproximadamente unas 12 horas y 40 minutos de luz diurna, que llegaran a más de 15 al principio del verano. Todo un privilegio si lo comparamos con las poco más de nueve horas de luz que hay en diciembre, el mes más oscuro. Estas variaciones, así como la complejidad de las estaciones astronómicas, se deben a la inclinación de nuestro planeta respecto al plano en el que orbita alrededor del Sol. El eje de rotación terrestre está inclinado 23,5 grados aproximadamente, por lo que durante el movimiento de traslación de la Tierra a lo largo del año cada hemisferio recibe de forma diferente la luz y energía solares. En diciembre el Sol alumbra más la mitad sur de nuestro planeta, mientras que en junio eso ocurre en el hemisferio norte, razón por la cual las estaciones son inversas: cuando en España y el resto del hemisferio boreal es invierno, en el sur es verano, y viceversa. Pero en los equinoccios de primavera y otoño ambos hemisferios reciben por igual la energía del Sol. Entender todo esto parece difícil, pero un esquema gráfico de la órbita de la Tierra alrededor del Sol puede ayudar a comprender dichos cambios y la importancia que tiene para los fenómenos astronómicos y climáticos la inclinación del eje de rotación de la Tierra.

© Vicente Aupí

Puesta de sol en las proximidades de la ciudad francesa de Le Puy. (Foto: Gonzalo Aupí Cortelles)

VER MÁS DE CIELO Y TIERRA

El Observatorio

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.

La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 23 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.

Más información

Datos climatológicos del observatorio

Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicosde temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca. Los datos diarios están disponibles desde el 1 de septiembre de 2007.

http://www.polosdelfrio.net

Astrofotografía

Ver más fotografías

  • Cinturón y Nebulosa de Orion

  • Cometa Hale-Bopp con la Galaxia de Andromeda y el Doble Cúmulo

  • Deneb y la Nebulosa Norteamérica

  • El firmamento estival

  • Luna llena

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

Estrellas y borrascas
Todos los derechos reservados.
© Vicente Aupí. Salvo indicación en contra todos los textos y las fotografías son del autor. Su uso o reproducción sólo se permite mediante la correspondiente autorización previa.
CONTACTO: vaupi@estrellasyborrascas.com