Estrellas y Borrascas

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CLIMA

Los vientos de la locura

Baño de masas de Hitler en Buckeberg en 1934, fotografiado por Heinrich Hoffmann.

Nieve arrastrada por el viento sobre las crestas de los Alpes Berrneses. Fotografia tomada da desde la vertiente norte. (Foto: Gonzalo Aupí Cortelles)

Vista de la zona arrasada por el incendio de febrero de 1941. Toma realizada desde el puerto de Santander. (Foto: Colección Samot)

Cuenta la historia que el 18 de septiembre de 1931, durante su gira electoral en Munich, Adolf Hitler le confesó a su amigo y fotógrafo Heinrich Hoffmann que sentía un extraño y profundo desasosiego difícil de explicar. En su libro Yo fui amigo de Hitler, Hoffmann reveló después que creyó que no había motivo para la preocupación porque la culpa, seguramente, era del viento reseco y molesto que arreciaba desde la ladera norte de los Alpes. Horas después fue encontrada sin vida la sobrina del Führer, Geli Raubal, quien aparentemente se había suicidado en su apartamento de la ciudad bávara.

Estos sucesos forman parte de la leyenda sobre el föhn, el viento cálido y seco que sopla al norte de la cordillera de los Alpes y al que se atribuye un influjo perjudicial sobre la salud y el estado de ánimo de la gente. Es complejo acreditarlo científicamente, pero las evidencias son tan abrumadoras que es difícil rebatir tal influencia. En meteorología se conoce como el efecto föhn, que causa espectaculares ascensos de la temperatura cuando una masa de aire inicialmente fresca y húmeda cruza una barrera montañosa y acaba transformándose a sotavento en un viento seco y cálido. En los Alpes esto ocurre cuando el viento se ve forzado a ascender por la ladera sur, donde descarga su humedad en forma de precipitaciones y, después, al descender por la ladera norte tras cruzar las grandes cumbres se calienta y reseca notablemente.

Pero el föhn no es un caso único, aunque sea el más famoso, ya que el proceso atmosférico es en esencia muy similar en numerosas partes del mundo, y España no es ninguna excepción, sino todo lo contrario merced a su carácter de encrucijada geográfica. Uno de los mejores ejemplos es el poniente tan conocido en el Mediterráneo, responsable de numerosos récords de calor. Ese poniente cálido y anormalmente seco que la gente siente en sus carnes algunos días de la canícula protagoniza un proceso muy parecido al del föhn alpino. Se trata de vientos de procedencia atlántica que pierden su humedad y se calientan al cruzar las mesetas en el interior de la Península y descender, posteriormente, hasta la costa mediterránea.

Vientos pirómanos

Al norte de la cordillera Cantábrica hablan de suradas y de vientos pirómanos, y no es ninguna licencia literaria. Los días 15 y 16 de febrero de 1941, el centro histórico de Santander fue devorado por un extraordinario incendio que se propagó por 37 calles durante uno de los mayores temporales de viento sufridos en España. La responsable fue una borrasca cuyo vórtice era tan profundo que la presión en su centro era inferior a los 950 milibares. Aquella surada cambió la historia de Santander, de la misma forma que el poniente ha arrasado en las comunidades mediterráneas cientos de miles de hectáreas de bosque.

¿Influyen estos vientos en nuestra salud y estado de ánimo? Aunque queda mucho por investigar parece que sí, que los cambios en la electricidad atmosférica y las vibraciones que el viento produce son, de por sí, suficientes para que empeore nuestro humor, aunque evidentemente no puede hablarse de que el viento sea el único responsable, sino, en todo caso, un agravante. En el incendio de 1941 en Santander las rachas huracanadas se encargaron de propagar las llamas, pero la causa del incendio fue, probablemente, algún incidente doméstico. Y en nuestro fuero interno es patente que un viento desagradable influirá menos si estamos inicialmente de buen humor que si ya estamos tristes o deprimidos.

Récord de subida térmica

El episodio de Hitler popularizó en el siglo XX en Alemania y otros países europeos la creencia de que el föhn tiene efectos negativos, pero su influjo se conoce en todo el planeta. En Estados Unidos, el equivalente al föhn es el chinook de las montañas Rocosas. A él se le debe el récord mundial de ascenso súbito de la temperatura, sucedido el 22 de enero de 1943 en Spearfish, Dakota del Sur, donde en sólo dos minutos el termómetro subíó de –20 °C a 7 °C sobre cero, es decir, un aumento casi instantáneo de 27 grados.

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"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

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