Estrellas y Borrascas

WEB DE VICENTE AUPÍ / OBSERVATORIO DEL POLO DEL FRÍO DE TORREMOCHA DEL JILOCA

ASTRONOMÍA

Las fuentes del Sistema Solar

Enceladus 1: Damascus Sulcus, una fractura de la superficie de Enceladus fotografiada por la nave Cassini en agosto de 2008. (NASA/JPL/Space Science Institute)

Enceladus 2: La nave Cassini fotografío en 2007 eyecciones de hielo y vapor de agua con componentes orgánicos en Enceladus. (NASA/JPL/Space Science Institute)

Hielo en Marte: Fragmentos de hielo en la superficie de Marte, fotografiados por la sonda Phoenix en junio de 2008. (NASA/JPL-Caltech/University of Arizona/Texas A&M University)

En los últimos diez años las exploraciones espaciales han dejado en entredicho la suposición unánime de que la Tierra es el único planeta con vida en el Sistema Solar. A mediados de los años 90 las nuevas técnicas de estudio de imágenes permitieron detectar los primeros exoplanetas, es decir, mundos más allá del Sistema Solar, en órbita alrededor de otras estrellas. Esto abrió un camino extraordinario que ha hecho posible localizar planetas similares a la Tierra —al menos en tamaño— en otros sistemas solares, pero también contribuyó a dejar un poco en el olvido el interés por los planetas más cercanos, sobre los que históricamente la ciencia ha mantenido la creencia de que estaban muertos.
Sin embargo, esta misma semana hemos conocido un estudio sobre Marte, publicado por Nature y realizado por un grupo de científicos españoles, en el que se aportan nuevos y sobresalientes datos que sugieren que en el planeta rojo se dan las condiciones para que el agua pueda permanecer en estado líquido a temperaturas muy por debajo de los cero grados, umbral a partir del cual, como sabemos todos, debería congelarse. Desde que entre 1998 y 1999 la sonda espacial Mars Global Surveyor aportó las primeras sospechas, en los últimos años han ido acumulándose las evidencias de que el agua líquida está presente en Marte, algo que se había descartado en el pasado porque las condiciones ambientales no lo permiten de forma permanente debido a la escasísima presión atmosférica que hay en su superficie. Pues bien, el equipo integrado por los españoles Alberto González Fairén, Alfonso Dávila, Luis Gago-Duport, Ricardo Amils y el norteamericano Christopher McKay sostiene en su artículo publicado en Nature que en Marte puede haber agua líquida a temperaturas cercanas a los –50 ºC gracias a la presencia de sustancias salinas, que impiden que se solidifique. Con ello se añade un nuevo e importante apoyo científico a las tesis actuales de que el agua fluye en  el subsuelo y las zonas circumpolares marcianas. Hay que incidir , además, en que González Fairén, uno de los autores, también ha trabajado previamente en el estudio que se hizo sobre las hostiles condiciones ambientales para la vida que se dan en el río Tinto, cuyas contaminadas aguas están habitadas por centenares de algas, más de mil tipos de hongos y una notable presencia bacteriana. Se comparó el caso del río Tinto con Marte, porque ambos guardan similitudes, y las conclusiones, que se conocieron hace algunos años, sostienen con base científica que de la misma forma que la vida logró adaptarse a las aguas del río Tinto, también puede haberlo hecho en el inhóspito Marte. Ojo: aún no sabemos  si en Marte hay vida; la clave reside en que los estudios recientes dejan la puerta abierta, en contra de la tesis mayoritaria que lo negaba. Por tanto, en 2009, en el Año Internacional de la Astronomía, podemos afirmar que la vida es posible en Marte.
Otros dos lugares del Sistema Solar en los que esta opción también está abierta son Titán, la luna más grande de Saturno, y Europa, un satélite de Júpiter que parece tener un océano de agua líquida resguardado bajo la superficie de hielo que envuelve este mundo. Titán y Europa están en las miras de la ciencia desde que llegaron allí las sondas Voyager en los años 70 y 80, pero desde entonces apenas se habían producido novedades importantes en las cortes de satélites de Júpiter y Saturno. No hasta que en 2005 y 2006 las fotografías de la nave Cassini en Enceladus —una luna de Saturno que sólo tiene unos 500 kilómetros de diámetro— sorprendieron a la NASA al comprobarse que existen allí géiseres y que su  superficie está coronada por penachos de cientos de kilómetros de altura compuestos por los gases fundamentales para la  vida. La actividad interna de esta luna parece compensar con su calor las gélidas temperaturas del exterior, creando un ambiente aparentemente mucho más propicio para la vida de lo que nadie imaginó.
Tal vez no seamos la excepción del Sistema Solar.
(Publicado el 24 de mayo de 2009 en Levante-EMV)

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Carmen Cortelles

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