Estrellas y Borrascas

PÁGINA WEB DE VICENTE AUPÍ

Portada

Tunguska, zona cero

Es una de las grandes páginas pendientes de resolución para la astronomía mundial. El suceso de Tunguska, acaecido el 30 de junio de 1908, pervive como el gran misterio cósmico del siglo XX, aunque en las últimas décadas se han logrado avances para esclarecer lo ocurrido en esta remota región de Siberia, donde hace 112 años se produjo el último impacto cósmico de grandes proporciones sobre la Tierra. Se cree que el choque de un fragmento cometario, con un tamaño aproximado de unos 50-100 metros, causó una gran explosión en la alta atmósfera, pero a fecha de hoy la ciencia aún no ha podido demostrarlo ni resolver los grandes enigmas que rodean este acontecimiento, que estremeció los sismógrafos de Europa y Asia y dejó su huella en los barógrafos de la época al causar una onda atmosférica gigantesca que dio la vuelta al globo terráqueo varias veces. Los días siguientes, la prensa se hizo eco de la sorpresa de los habitantes de ciudades como Londres y Barcelona, ciudades en las que se observó una luminiscencia espectacular en el cielo nocturno. La primera expedición científica al lugar de los hechos, dirigida por Leonid Kulik, quedó sobrecogida por la magnitud del suceso tras llegar penosamente a una región inexplorada, en la que el escenario de la zona cero quedó dibujado por la devastación de miles de kilómetros cuadrados de bosque, cuyos árboles fueron derribados hasta 100 kilómetros de distancia por la onda expansiva. Sus copas miraban hacia el lado contrario al lugar del impacto. En 1988, el investigador ruso Andrei E. Zlobin siguió los pasos de Kulik y protagonizó uno de los principales estudios de la zona cero sobre el terreno, con resultados notables, entre ellos uno de los primeros artículos científicos sobre la superconductividad en meteoritos. En el caso de Tunguska, Zlobin relaciona el estado de superconductividad en el hielo y los fragmentos cometarios a temperaturas ultrabajas para explicar la gigantesca explosión de 1908 en la alta atmósfera. Puedes leer aquí el trabajo de Zlobin sobre la superconductividad en meteoritos y el caso de Tunguska, recientemente traducido del original en ruso a la versión en inglés.

 

VER EL ARTÍCULO COMPLETO

 

FOTOGRAFÍA: Tunguska zona cero, 1988. Andrei E. Zlobin, de la Academia de Ciencias de Rusia, toma muestras en la taiga siberiana, donde ochenta años después del impacto cósmico del 30 de junio de 1908 decenas de árboles mostraban aún la destrucción causada por la onda expansiva. (Foto cortesía de Andrei E. Zlobin)

VER MÁS ARTÍCULOS

Salvemos las noches estrelladas

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive

A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en pleno siglo XXI, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Hace cuatro siglos que Galileo hizo los primeros estudios telescópicos, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.

Cielo y Tierra

Llegan las constelaciones del verano boreal

Las constelaciones del verano boreal ya se asoman en el firmamento. Hacia la medianoche destacan sobre el horizonte este Cygnus, Lyra y Aquila, las constelaciones cuyas tres estrellas principales forman el denominado Triángulo Estival. Son Deneb, Vega y Altair, tres soles notables que ya en mayo refulgen de madrugada a pesar de que es en julio y agosto cuando resulta más fácil localizarlos, puesto que son visibles la mayor parte de la noche en lo alto del cielo. Junto a ellas reaparece también el inconfundible camino estelar que marca la Vía Láctea, nuestra galaxia, que cruza la bóveda celeste como una nube indisoluble formada por miríadas de estrellas. En Cygnus, junto a Deneb, podemos encontrar otras estrellas excepcionales como Albireo, un sistema estelar binario cuyas dos componentes, de color azul y amarillo respectivamente, son un espectáculo a través del telescopio. Y la Nebulosa Norteamérica (NGC 7000), un objeto esquivo cuando observamos en la ventana óptica pero que aparece en las fotografías o cuando usamos filtros especiales que nos permiten detectar la longitud de onda de esta nebulosa de emisión cercana a Deneb. En Lyra, además de Vega, se esconden la Nebulosa del Anillo (M 57), una peculiar nebulosa planetaria al alcance de los telescopios del aficionado, y Epsilon Lyrae. Este sistema estelar múltiple ya lo perciben como una estrella doble las personas de vista aguda, pero si además lo enfocamos con un telescopio a gran aumento nos sorprenderemos al comprobar que cada una de esas dos componentes es, a su vez, un sistema binario. En Aquila, Altair tiene uno de los nombres más sugestivos que conocemos, de origen árabe, que nos habla de "la que vuela". Es una estrella blanca situada a algo más de 16 años luz del Sistema Solar, con peculiaridades como el movimiento de rotación, uno de los más rápidos que se han observado, ya que gira en algo más de seis horas.

© Vicente Aupí

La Nebulosa Norteamérica (NGC 7000) es uno de los objetos celestes más destacados de la constelación del Cisne (Cygnus). La vemos aquí con la estrella Deneb, una de las tres componentes del Triángulo Estival, un asterismo del que también forman parte Vega y Altair. (Foto: © Vicente Aupí)

VER MÁS DE CIELO Y TIERRA

El Observatorio

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.

La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 34 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.

Más información

Datos climatológicos del observatorio

Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicos de temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca en este enlace

Astrofotografía

Ver más fotografías

  • Cinturón y Nebulosa de Orion

  • Cometa Hale-Bopp con la Galaxia de Andromeda y el Doble Cúmulo

  • Deneb y la Nebulosa Norteamérica

  • El firmamento estival

  • Luna llena

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

Estrellas y borrascas
Todos los derechos reservados.
© Vicente Aupí. Salvo indicación en contra todos los textos y las fotografías son del autor. Su uso o reproducción sólo se permite mediante la correspondiente autorización previa.
CONTACTO | ENLACES